El daño cerebral adquirido supone un deterioro importante de la salud y de la calidad de vida de las personas que lo han sufrido y sus familias. El DCA surge de forma repentina y nadie suele estar preparado para afrontarlo, ya que no sólo se trata de superar el golpe emocional que esto supone, sino también aceptar las consecuencias que la nueva situación trae consigo.
Se trata de una lesión que se produce en el cerebro de una persona por la acción de un golpe (traumatismo craneoencefálico), de un accidente cerebro-vascular (ictus) o a causa de falta de oxígeno, infección, intervención neuroquirúrgica o tumor.
La persona que esté sufriendo un daño cerebral debe ser atendida con urgencia. Las primeras acciones sanitarias tienen como objetivo sostener la vida del paciente, reducir los daños que pueda causar la lesión cerebral y controlar los riesgos de agravamiento del daño sufrido. Debe realizarse el traslado al hospital de manera inmediata. Allí se efectuarán las intervenciones necesarias para favorecer la evolución positiva del estado de la persona, prevenir los daños que se puedan evitar y tratar las posibles complicaciones que surjan.
Sin embargo persiste actualmente una gran laguna cuando el paciente es dado de alta en el hospital, en la fase de rehabilitación posterior. No existe una red de medios especializados para estos pacientes debido en gran medida al desconocimiento y a la evolución de esta afectación.
El DCA causa varias secuelas en la persona que lo padece.